lunes, 8 de febrero de 2010

Concienciación política y feminismo en "La casa de los espíritus"


La casa de los espíritus es la historia de una familia. Una familia gobernada a puño de hierro por Esteban Trueba: dominador, machista y violento patrón hecho a sí mismo, a base del esfuerzo que mancha y agrieta las manos y una mujer: Clara Del Valle que iniciará en la saga la lucha por las libertades de la mujer en la familia y en la sociedad chilena. Y es también una historia de parejas donde las mujeres constituirán el eje fundamental de la obra; personajes en su mayoría de fuerte carácter y que no dejan indiferentes al lector. Mujeres que sueñan, lloran, gritan por su autonomía y su capacidad de elección. Mujeres que de una u otra manera vincularán la política al destino de sus vidas. Porque en sus relaciones amorosas la política aparece como telón de fondo, con mayor o menor implicación pero desde luego como una vía de liberación y de ruptura con los arquetipos tradicionalistas de abnegadas y obedientes amas de casa. Quisiera comentar las relaciones de las mujeres de la novela para demostrar esa vinculación amorosa-política en torno a ellas:

La primera de ellas es la de Clara con Esteban: Clara padece el machismo en su versión más dura, en su propia casa y en sus propias carnes. Pero lucha callada contra esto y lo vence. Con su ejemplo y generosidad conseguirá montar su mundo dentro del reino del dominador. Y sus hijos Blanca y sobre todo Jaime heredarán su fortaleza, su capacidad para sobreponerse al poder establecido; una con la continua lucha contra la imposición paterna y el otro con el silencioso estudio y el ofrecimiento callado a los demás.
El ideario político de Esteban viene motivado más por su peso y posición social que por una clara ideología política. Es el discurso del fuerte, del hombre hecho a sí mismo, del que busca en la política una forma de afianzarse en su situación social. Es el temor a perder la posición conseguida la que le llevará a embarcarse en ese mundo que terminará devorándole y con ello a romper las relaciones con su entorno más próximo.

Blanca con Pedro Tercero: Su relación comienza desde cuando andaban casi en pañales y persistirá hasta el final de sus vidas. Ella sufriendo y viviendo las circunstancias particulares de sus padres y él, la lucha de clases; actor principal de la transformación social, instigador de la reforma agraria y de los derechos del proletariado, con las armas del pobre: la música y la palabra. Pero aura fascinadora que atraerá a hombres y mujeres. Duro enfrentamiento con el patriarca, al verse éste perder lo que considera suyo, su hija. Pero largo enfrentamiento que terminará en la senectud de Esteban, cuando el monstruo que éste despertó, con sus arengas y el discurso del miedo, acabe con la vida de miles de jóvenes chilenos. Cederá para la protección de su hija permitiéndoles y organizándoles su exilio en Roma.

Alba y Miguel: La nieta vivirá en la inocencia durante mucho tiempo. Sufrirá, como Pancha García, el acoso machista, pero no del que está en casa sino del extraño o del poderoso. Vil es la violación de Pancha por Esteban pero se multiplicará por mil con el producto de esta: Esteban García: la versión más agria, despreciable y rencorosa del Esteban Primero. Alba no se revolverá como lo harían su madre o abuela, quizá por que el fruto de su desgracia es el fruto de la venganza y contra ésta muchas veces no se puede luchar: “Y ahora busco mi odio y no puedo encontrarlo. Siento que se apaga (…). Quiero pensar que mi oficio es la vida y mi misión no es prolongar el odio, sino llenar estas páginas mientras espero el regreso de Miguel y entierro a mi abuelo…” (pág. 525). Miguel representa otro luchador por la igualdad de clases. Huérfano cuidado por su hermana Amanda a la que amó incluso cuando está se perdió. Pero perspicaz observador que sabrá buscar la ayuda exacta para encontrar a Alba. Al igual que Pedro Tercero con Blanca atraerá a la nieta Trueba por el magnetismo de sus convicciones políticas aunque Alba más que revolución lo que quiere es hablar de amor.

Los otros dos personajes femeninos que completan el armazón de esta historia son: Por un lado Amanda, la hermana de Miguel que finalmente dará la vida por él al morir torturada por no delatarle. Aproximada inicialmente al pequeño de los Trueba, Nicolás, terminará también enamorada del generoso Jaime, que la cuidó y asistió en el momento del aborto. Y la perenne Tránsito Soto, que sobrevivió a todo y a todos. La mujer que supo adaptar su oficio a cada momento social y que alcanzó aunque fuera desde su cama su pedazo de poder. Y que terminó devolviendo el favor del patrón con algo tan preciado como la vida de otro, Alba. Punto contrapuesto al resto de mujeres de la familia Trueba pues sus relaciones son cada noche y con dinero de por medio pero que sobrevive sin demasiados altibajos a las tres generaciones y permitirá que la estirpe de los Trueba se perpetúe.

viernes, 29 de enero de 2010

Acostumbrados a sobrevivir


La misión parece que va llegando a su fín. Hoy será nuestro último día en el hospital y luego regreso a Madrid. La ida fue vía Halifax (Canadá) y la vuelta del otro grupo pasaba por Reykjavik así que imaginamos un regreso largo y cansado.


La base española se encuentra pegada al destacamento de los robustos americanos, que como ya se preveía, no iban a quedarse sólo un par de semanas. Diario es el trasiego de sus aviones "Galaxi" descargando material y tropa. Mañana y noche oímos el ruido de sus helicópteros "Bell" y "Black Hawk" despegando a escasos 600 metros de nuestros sacos. Unos sesenta somos los españoles que quedamos en el campamento de la AECID, entre miembros de SAMUR, DYA, EPES, GREA, SAR, Bomberos en Acción y SUMMA. Y todos trabajando a una. Sin apenas conocernos siempre hay dos manos que acompañan a otras. Junto a nosotros un grupo de traumas húngaros que han venido por su cuenta desde Budapest tras irse ayer los cinco mexicanos de la policía federal que aguantaron desde los primeros días. Gran recuerdo me llevo de Xavier, nutricionista del DF, que dejó la clínica de adelgazamiento en donde trabajaba para colarse en un avión y llegar hasta aquí. Él asistió a las primeras embarazadas. Y de Gabriel, traumatólogo húngaro, que rápido aprendió a decir: "Pásame la Ketamina".



Nuestra llegada, una semana después del terremoto, aun nos hizo ver parte del desastre. El "paseo" diario hasta el hospital recorre calles donde las casas han quedado desmontadas como tablero de ajedrez. Mil veces peor describen el centro de la ciudad los que lo han visto.



Imagino que el primer grupo sufriría en mayor medida la desolación. Ellos, junto a los sanitarios voluntarios cubanos, chilenos y colombianos volvieron a poner en marcha el Hospital Universitario La Paz, que había quedado al resguardo de las hermanas paulinas. Situado a unos veinte minutos en coche del centro de Puerto Príncipe y a unos diez del aeropuerto este hospital se ha visto en pocos días poblado de gente sin hogar, que ha acampado a su entrada con apenas dos hatillos como únicos bienes. Aun después de dos semanas del gran temblor muchos haitianos duermen en la calle por temor.



Casi a diario hay réplicas de madrugada, pero aquí en el campamento apenas las distinguimos. Nos dijeron que si trabajando las sentíamos y éstas duraban más de cinco segundos, sin pensarlo había que salir a los patios interiores y rezar. Más rezamos para que no sea necesario. Curioso resulta también otro de los procedimientos de evacuación: A los más altos nos encargaron de la bandera. Si fuera preciso abandonar con precipitación este lugar debíamos llevarla con nosotros hasta la base de helicópteros, pues ella sería la señal para la evacuación. Bandera para la salvación…como cuando en la canción, creía que "no había para mí, más bandera que las sábanas que cubrían el cuerpo de mi mujer".



En el hospital los primeros días fueron realmente impactantes. Todos sentíamos por momentos ese shock que nos dejaba inmovilizados y sin capacidad de reacción, moviéndonos de un lado a otro sin saber realmente lo que debíamos hacer. Los gritos, los llantos, el miedo. Desbordados ante el tumulto de gente a atender y más sabiendo aun que alguno no llegaría a la siguiente noche. Tumbados en el suelo, muchos apenas podían caminar. Los huesos de sus piernas y brazos habían crujido sin distinción de sexo o edad. Las amputaciones eran muchas veces irremediables. Lo peor los niños, con su llanto chiquito, sucio de barro, huérfanos de padres y de consuelo,.... llanto contenido durante el día que por las noches se convertía en lágrimas.



Pero día a día nos íbamos adaptando a la desesperación. Compartiendo sudores. Alguno buscábamos el consuelo en los gritos del paritorio. Cada día seis u ocho niños reemplazaban con su llanto la congoja del lugar. Aunque nacieran más que para vivir para acostumbrarse a sobrevivir.



Hoy últimas atenciones. Reparto de material en orfanatos y residencias y despedida en el hospital. Los médicos haitianos recuperarán su puesto en las salas y quirófanos. Para otros quedará el trabajo de reconstrucción. Aquí quedará un pedazo de nosotros. Y también vuestro, pues hasta aquí llegaron vuestros mensajes de ánimo y apoyo. Concha, Agus, Javichu, Bernardos, Marchante, David, Jorge, Richi y yo volveremos a nuestras pequeñas cosas, importantes o no, pero relativas…relativas.



Luispa, Puerto Príncipe 28 de enero de 2010.

jueves, 21 de enero de 2010

Apretados los bártulos

El segundo grupo ya está en marcha. Apretados los bártulos en una sola bolsa esperamos salir esta noche desde Torrejón y llegar a Haití en la madrugada de mañana. Demasiados pensamientos contradictorios han pasado por mi mente en las últimas veinticuatro horas. Pero siento que es lo que debo hacer. Sincero ha sido el apoyo de los íntimos, de los que seguro me acordaré en los momentos difíciles. Un pedazo de ellos también estará allí dando calor, limpiando heridas, abrazando, curando. Espero estar a la altura.


domingo, 10 de enero de 2010

EL MOMENTO DE LA CONEXIÓN


Impaciente acudía a mi cita en el aeropuerto de El Prat, aquel tibio atardecer de Agosto. Iba al encuentro de la que, en las tres últimas y calurosas semanas, había compartido conmigo la triste soledad de mi alcoba. Aquélla que, en la callada quietud de la noche, había escuchado las confidencias susurradas al oído de este fogoso adolescente.

Marchaba sin conocerla apenas pues nuestras largas y palpitantes conversaciones habían sido elaboradas a través de un frío teclado de ordenador. Quizá fuera la exultante intimidad que otorgaba Internet la que propiciara que el tono de nuestro amatorio diálogo fuera la mayoría de las veces bruscamente erótico. Minuto tras minuto iba creciendo en mí un vertiginoso anhelo que me impedía llevar a cabo el resto de mis tareas. Mi imaginación se desbordaba fantaseando con encendidas ilusiones que me sumían en un apasionado ensueño del que era difícil escapar. Mi único afán de esos días era esperar ansioso el momento de la conexión.

Nuestra última plática había terminado con ese deseo mutuo de compartir, piel con piel, el aire ardiente de la siguiente noche. Empujado por mi inconsciente bisoñez y preso de un violento arrebato, había resulto acudir a su encuentro. Esa madrugada, mis sueños me llevaron a su lecho, aquél que había probado el amargo dulzor de su sudor, el palpitante flujo de sus noches en celo, el rebosante bermellón de sus primeros días de ciclo. Mezclados por un ceñido abrazo, nuestros empapados cuerpos retozaban sobre las sábanas blancas tornadas ahora de un húmedo ceniciento. Mi alma, encerrada en un profundo beso, se fundía con la suya dentro de su boca.

Al día siguiente reunía algo del dinero ahorrado para mis días de asueto y marchaba a Barajas esperando encontrar asiento en algún puente aéreo. Una apresurada muda en la bolsa y sin saber si ella estaría dispuesta a acogerme entre sus brazos. Sabía que le resultaría difícil escapar del hogar que había construido durante ocho años de tortuosa convivencia con el padre de sus dos hijas. Temía que una vez allí, quizá ella sintiera miedo al encontrarse de cara con aquél que había conseguido devolverla a la más olvidada juventud, aquél que con sus palabras le había hecho probar el dulce sabor de lo prohibido.

Sin mirar si quiera al resto de viajeros, pasaba los cincuenta minutos del vuelo imaginado su rostro, enmarcado en un ensortijado pelo negro y coronado por dos almendrados ojos; sus labios, gruesos y encarnados, capaces de donar el más cálido de los besos; sus piel pajiza, como campo de trigo en Agosto, que se sonrojaba al llegar a los pómulos; y aquel lunar, próximo a la comisura diestra de sus labios, que tanto me había encendido desde que me lo describiera.

Apenas me daba cuenta del despegue y al poco ya salían los pasajeros al llegar a Barcelona. Las ocho y media de la tarde y el sol comenzaba a esconderse en el horizonte. Una sedosa brisa rozaba mi cara al bajar por la escalerilla. Casi sin respirar el salado aire costero, me adentraba por entre los pasillos del aeropuerto deseoso de encontrar a mi amada. Al llegar a las puertas de la Terminal C, donde debíamos vernos, el corazón amenazaba con romperme el pecho y salir disparado fuera de mí. Mi saliva, escasas gotas dentro de mi garganta. El tiempo transcurría lentamente aunque pasaban ya diez minutos de mi llegada y ella parecía retrasarse.

lunes, 14 de diciembre de 2009

AIRE, AGUA, FUEGO, ....

“Sus muslos se me escapan
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.”
Federico García Lorca (1928)
La casada infiel. Del Romancero Gitano.





Las montañas de tu cuerpo se mueven al ritmo de tu respiración. Mi mano, como un halcón en la garganta de un río, se desplaza lenta y pausada explorando los recodos de tus valles…..Y se siente bien…..Sabe que allí el aire es más cálido y que sin hacer mucho esfuerzo puede posarse con calma en algún hueco escondido…..Y así lo hace…..Siente el calor que el recoveco desprende y acurrucada se aprieta sobre esa fuente ardiente. Pero no puede permanecer quieta. Ese fuego la obliga a moverse. Casi sin darse cuenta se agita sobre los bordes de esa oquedad que cada vez se enciende más…..Y se mueve más…..No puede evitarlo. Siente como si la vaguada también se moviera y escucha a lo lejos un dulce jadeo, como si una bocanada de aire soplara acercándose…..Y se agita más…..Siente un incendio en la angostura, llamaradas que queman, que la queman..…Y se revuelve más…..Y más…...Hasta que aquello estalla. Y el aire ardiente se vuelve espeso. Y lo que antes era brisa ahora es marea. Y lo que antes era soplo ahora es flujo. Y lo que antes era ave ahora es carpa…..Y se empapa bien.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

MIS SUEÑOS DE ANTAÑO













No es extraño a la peña añorar, cuando
cruzando montañas, cumpliendo algún sueño
te levantas una mañana teñido norteño.

No es extraño añorar los buñuelos de viento,
las piñatas de niño,..., el vino añejo
o el pañuelo que alguna mojó con empeño.

Pero una hazaña sería no añorar,
y aquí no me sirven artimañas,
esa España cañí de mis entrañas.

Esa España de greñas y coñas, de cañas y toñas
donde me desgañitaba si una niña sus uñas me clavaba
o si su dueño, de un puñetazo, como un guiñapo me dejaba.

Esa España que anoche dejé allá en la cañada
creyéndome señorito que sin más enseñanzas se apaña
y que ahora, apretando los piños se dice con saña:

Ay trigueño! Así lloras al bañarte en la ñanga
ayer ni hablar querías con peña de tu calaña
y hoy, los meñiques quebrarías por soñar de nuevo en España.

luispa. Göteborg. 2001

martes, 24 de noviembre de 2009

Y COMENCÉ A SURGIR

Para Juanjo, Carol y el que llega: Guille.
“En el invierno la oía llorar
con su llanto chiquito,
sucio de barro,
traspasado por la lluvia.”

G. G. Márquez
(Eva está dentro de su gato, 1947)


Hace unos días comencé a surgir. Apenas una minúscula gota sobre un enorme mundo que me envolvía. Me sentía bien. Ágil y rápido corría por un vericueto de túneles oscuros buscando el sol que me alumbrara. Y lo encontré. Allí, enorme, radiante me invitaba a llenarme de él. Casi sin darme cuenta estaba mezclado entre ardientes y golosos jugos. Y allí me quedé. No lo iba ahora a cambiar por mi helado estado anterior. Nadando en almíbar me pasaba los días imaginándome un mundo lleno de frutas y golosinas.

Al principio, me sentía como una diminuta bolita sin capacidad para dirigirme al rincón que quería. A veces me apetecía acercarme allí, donde un dulce traqueteo llenaba esa orilla con su música. Era un rítmico sonido que me llenaba de vida, un tun-tún que me decía que cerca había algo que me conocía. Sin apenas mostrarse, me conocía y esperaba a verme para abrazarme e insinuarme infinidad de palabras, aunque no fuera capaz de entenderlas. Otras veces quería acercarme a un río que corría solo de vez en cuando. Un extraño gorgoteo que ansioso sonaba cada mil o dos mil latidos. Me gustaba ese canturreo, pero más me agradaba el apresurado bamboleo que lo precedía. Eso me señalaba que el río iba a surgir. Y me encantaba.

Luego, según iba creciendo, percibía otros cercanos ecos. Unas veces, varios sorbos que apretaban mi incipiente cabeza. Acogedores sorbos que me llenaban de un calor que, aunque venía de fuera, sentía familiar. Otras veces, antes del diario descanso, sonaba un murmullo musical. Una dulce melodía que subía y bajaba. Acompasada armonía que resonaba en mi océano y llenaba los apéndices que recién brotaban a ambos lados de mi cabeza.

Todo me insinuaba el mundo que andaba esperándome. Vivo, brillante y colorido que en breve me inundaría. Un cielo lleno de luz y energía donde mi imaginación, aun casi dormida, encontraría infinidad de detalles que me despertarían.

Pero aun sigo aquí. Sé que este cordón que ahora muerdo me da la vida. Me une al resto: al traqueteo, al murmullo, al sorbo, al canto. Y lo muerdo con fuerza porque lo siento mío. Y de él y de ella. Una cuerda palpitante y caliente que pronto no existirá pero que ahora me hace imaginar estas cosas. Pronto cambiaré estas agradables olas por unas más ásperas y puede que un poco más amargas. Pero las deseo tanto,… Mañana mismo, cuando ya no quepa, salgo a veros. A haceros llorar con mi sonrisa. A haceros vibrar con mi llanto.