
Casi cuatro siglos de historia son los que abarca García Márquez como referencias en esta su obra más universal: desde la Conquista española del continente americano, la fiebre del oro, pasando por las guerras civiles entre liberales y conservadores en el país, hasta llegar a la transformación social promovida por el capitalismo en manos de los empresarios norteamericanos.
En la fundación de Macondo por José Arcadio Buendía y su mujer Úrsula Iguarán, Julio Ortega refiere una referencia paródica al Génesis : los comparan con Adán y Eva, pues viven virginalmente hasta que tras la muerte de Prudencio Aguilar deben huir de Riohacha acompañados de algunas familias amigas como un éxodo. Este pecado original pesará como una maldición en toda la estirpe de los Buendía que cargarán con ella como penitencia generación tras generación y que finalizará casi de forma apocalíptica convirtiendo Macondo en “un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico” (pág. 504).
Las referencias a la Conquista y a la leyenda de El Dorado quedarían reflejadas en la obra por la fiebre de los inventos de José Arcadio Buendía. La fascinación que éste muestra por Melquíades y sus inventos es manifiesta e intentará inculcarla a sus hijos, siendo luego Aureliano el que toma el relevo. El pasaje en el que otro de los gitanos le enseña el hielo encerrado en un cofre haciéndole murmurar “Es el diamante más grande del mundo” (pág.29) parece recordar al engaño de las brillantes baratijas que los conquistadores intercambiaban por oro: “Esta vez, entre muchos otros juegos de artificio, llevaban una estera voladora. (…) La gente, desde luego, desenterró sus últimos pedacitos de oro para disfrutar de un vuelo fugaz sobre las casas de la aldea.” (pág.45). La propia evolución del fundador de Macondo recuerda a los conquistadores españoles: de emprendedor e imaginativo, capaz de organizar el pueblo para el bien de la comunidad, se va convirtiendo en “un hombre de aspecto de holgazán, descuidado en el vestir, con una barba salvaje que Ursula lograba cuadrar a duras penas con un cuchillo de cocina”.
El antagonismo entre liberales y conservadores es una de las constantes más desagradables de la Historia de América Latina. El asesinato en 1948 del dirigente del Partido Liberal, Jorge Eliecer Gaitán, ocasionaría uno de los periodos más violentos de la historia colombiana con el levantamiento nacional en contra del gobierno conservador conocido como el Bogotazo. Estos acontecimientos estarían reflejados en la obra de García Márquez. La motivación política del coronel Aureliano Buendía y su levantamiento contra el gobierno conservador, no se debía a una plena convicción en los ideales liberales: “si hay que ser algo, sería liberal, porque los conservadores son unos tramposos” (pág. 124) decía en referencia al engaño que su suegro Apolinar Moscote, miembro del partido conservador, organizaba en el recuento de papeletas durante las elecciones. El propio Aureliano había votado azul (color de las papeletas del partido conservador) por indicación de su suegro. Tampoco “entendía cómo se llegaba al extremo de hacer una guerra por cosas que no podían tocarse con las manos” (pág. 122). Pero a pesar de estos pensamientos fue a la guerra: “promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos” (pág.131). Tardó tiempo entonces el coronel en darse cuenta de la inutilidad “de esta guerra de mierda” (pág.211). Tanto como casi cuarenta años para terminar con esa farsa y descubrir “los privilegios de la simplicidad” (pág. 211).
En la fundación de Macondo por José Arcadio Buendía y su mujer Úrsula Iguarán, Julio Ortega refiere una referencia paródica al Génesis : los comparan con Adán y Eva, pues viven virginalmente hasta que tras la muerte de Prudencio Aguilar deben huir de Riohacha acompañados de algunas familias amigas como un éxodo. Este pecado original pesará como una maldición en toda la estirpe de los Buendía que cargarán con ella como penitencia generación tras generación y que finalizará casi de forma apocalíptica convirtiendo Macondo en “un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico” (pág. 504).
Las referencias a la Conquista y a la leyenda de El Dorado quedarían reflejadas en la obra por la fiebre de los inventos de José Arcadio Buendía. La fascinación que éste muestra por Melquíades y sus inventos es manifiesta e intentará inculcarla a sus hijos, siendo luego Aureliano el que toma el relevo. El pasaje en el que otro de los gitanos le enseña el hielo encerrado en un cofre haciéndole murmurar “Es el diamante más grande del mundo” (pág.29) parece recordar al engaño de las brillantes baratijas que los conquistadores intercambiaban por oro: “Esta vez, entre muchos otros juegos de artificio, llevaban una estera voladora. (…) La gente, desde luego, desenterró sus últimos pedacitos de oro para disfrutar de un vuelo fugaz sobre las casas de la aldea.” (pág.45). La propia evolución del fundador de Macondo recuerda a los conquistadores españoles: de emprendedor e imaginativo, capaz de organizar el pueblo para el bien de la comunidad, se va convirtiendo en “un hombre de aspecto de holgazán, descuidado en el vestir, con una barba salvaje que Ursula lograba cuadrar a duras penas con un cuchillo de cocina”.
El antagonismo entre liberales y conservadores es una de las constantes más desagradables de la Historia de América Latina. El asesinato en 1948 del dirigente del Partido Liberal, Jorge Eliecer Gaitán, ocasionaría uno de los periodos más violentos de la historia colombiana con el levantamiento nacional en contra del gobierno conservador conocido como el Bogotazo. Estos acontecimientos estarían reflejados en la obra de García Márquez. La motivación política del coronel Aureliano Buendía y su levantamiento contra el gobierno conservador, no se debía a una plena convicción en los ideales liberales: “si hay que ser algo, sería liberal, porque los conservadores son unos tramposos” (pág. 124) decía en referencia al engaño que su suegro Apolinar Moscote, miembro del partido conservador, organizaba en el recuento de papeletas durante las elecciones. El propio Aureliano había votado azul (color de las papeletas del partido conservador) por indicación de su suegro. Tampoco “entendía cómo se llegaba al extremo de hacer una guerra por cosas que no podían tocarse con las manos” (pág. 122). Pero a pesar de estos pensamientos fue a la guerra: “promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos” (pág.131). Tardó tiempo entonces el coronel en darse cuenta de la inutilidad “de esta guerra de mierda” (pág.211). Tanto como casi cuarenta años para terminar con esa farsa y descubrir “los privilegios de la simplicidad” (pág. 211).
Otro de los acontecimientos históricos reflejado por García Márquez en Cien años de soledad fue la implantación de la compañía Norteamérica United Fruit Company en la zona del Magdalena a principios del siglo XX. La “Masacre de las Bananeras” constituyó uno de los episodios más lamentables relacionado con la lucha por los derechos de los trabajadores. En el año 1928 las fuerzas armadas colombianas, en connivencia con la UFC, mataron a un número indeterminado de trabajadores, que habían proclamado una huelga para la defensa de sus derechos violados continuadamente por la compañía bananera. El propio gobierno colombiano logró presentarlo como un episodio inventado. Es clara la referencia a estos acontecimientos en la obra. La llegada a Macondo de Mr. Herbert, los ingenieros, agrónomos,… Jack Brown con los solemnes abogados vestidos de negro sería el principio del final. Estos representan la llegada del capitalismo al pueblo y los responsables de la posterior transformación que sufre Macondo: “un campamento de casas de madera con techos de zinc, poblado de forasteros que llegaban de medio mundo en el tren.” (pág.279). El coronel Aureliano Buendía “se indignó con los serviles aspavientos de la gente y se dio cuenta de que algo había cambiado en la índole de los hombres…” (pág.292). Ahora eran los gringos los que tenían el poder de explotar Macondo. Las autoridades locales y nacionales, acalladas por la corrupción, no tenían interés en frenar esta explotación. Se queja aquí también García Márquez de la incapacidad de América Latina por cambiar el curso de la historia mediante el esfuerzo humano. Finalmente la huelga histórica de las bananeras se representa casi fielmente en la obra, incorporando casi las mismas demandas de los trabajadores y utilizando la Compañía del relato las mismas argucias a la hora de atenderlas que la original. La masacre en la plaza de la estación y el silencio de las autoridades para dejarla en el rincón del olvido las refleja el autor como “si todo pareciera una farsa (…) Como si las ametralladoras hubieran estado cargadas con engañifas de pirotecnia,..” (pág.372). Este triste acontecimiento sería negado durante mucho tiempo por la Compañía y el Gobierno Colombiano. Intentaría incluso reescribir la historia para mantenerlo en el olvido. En la novela al propio José Arcadio Segundo, protagonista del tremendo acontecimiento, una mujer que le ofrece café le dice: “Aquí no ha habido muertos. Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo” (pág.375). A pesar de ello le inculcaría a Aureliano Babilonia “una interpretación tan personal de lo que significó para Macondo la compañía bananera, que muchos años después, (..) había de pensarse que contaba una versión alucinada, porque era radicalmente contraria a la falsa que los historiadores habían admitido, y consagrado en los textos escolares”.. (pág 424).
En resumen, una Historia que subyace en la mente de García Márquez y en la del pueblo colombiano y que dá paso a un relato dominador, virtuoso en el que la historia se va construyendo a través de la narración.
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