jueves, 11 de marzo de 2010

El ciclo de la Historia en "Cien Años de Soledad"



Casi cuatro siglos de historia son los que abarca García Márquez como referencias en esta su obra más universal: desde la Conquista española del continente americano, la fiebre del oro, pasando por las guerras civiles entre liberales y conservadores en el país, hasta llegar a la transformación social promovida por el capitalismo en manos de los empresarios norteamericanos.

En la fundación de Macondo por José Arcadio Buendía y su mujer Úrsula Iguarán, Julio Ortega refiere una referencia paródica al Génesis : los comparan con Adán y Eva, pues viven virginalmente hasta que tras la muerte de Prudencio Aguilar deben huir de Riohacha acompañados de algunas familias amigas como un éxodo.
Este pecado original pesará como una maldición en toda la estirpe de los Buendía que cargarán con ella como penitencia generación tras generación y que finalizará casi de forma apocalíptica convirtiendo Macondo en “un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico” (pág. 504).

Las referencias a la Conquista y a la leyenda de El Dorado quedarían reflejadas en la obra por la fiebre de los inventos de José Arcadio Buendía. La fascinación que éste muestra por Melquíades y sus inventos es manifiesta e intentará inculcarla a sus hijos, siendo luego Aureliano el que toma el relevo. El pasaje en el que otro de los gitanos le enseña el hielo encerrado en un cofre haciéndole murmurar “Es el diamante más grande del mundo” (pág.29) parece recordar al engaño de las brillantes baratijas que los conquistadores intercambiaban por oro: “Esta vez, entre muchos otros juegos de artificio, llevaban una estera voladora. (…) La gente, desde luego, desenterró sus últimos pedacitos de oro para disfrutar de un vuelo fugaz sobre las casas de la aldea.” (pág.45). La propia evolución del fundador de Macondo recuerda a los conquistadores españoles: de emprendedor e imaginativo, capaz de organizar el pueblo para el bien de la comunidad, se va convirtiendo en “un hombre de aspecto de holgazán, descuidado en el vestir, con una barba salvaje que Ursula lograba cuadrar a duras penas con un cuchillo de cocina”.

El antagonismo entre liberales y conservadores es una de las constantes más desagradables de la Historia de América Latina. El asesinato en 1948 del dirigente del Partido Liberal, Jorge Eliecer Gaitán, ocasionaría uno de los periodos más violentos de la historia colombiana con el levantamiento nacional en contra del
gobierno conservador conocido como el Bogotazo. Estos acontecimientos estarían reflejados en la obra de García Márquez. La motivación política del coronel Aureliano Buendía y su levantamiento contra el gobierno conservador, no se debía a una plena convicción en los ideales liberales: “si hay que ser algo, sería liberal, porque los conservadores son unos tramposos” (pág. 124) decía en referencia al engaño que su suegro Apolinar Moscote, miembro del partido conservador, organizaba en el recuento de papeletas durante las elecciones. El propio Aureliano había votado azul (color de las papeletas del partido conservador) por indicación de su suegro. Tampoco “entendía cómo se llegaba al extremo de hacer una guerra por cosas que no podían tocarse con las manos” (pág. 122). Pero a pesar de estos pensamientos fue a la guerra: “promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos” (pág.131). Tardó tiempo entonces el coronel en darse cuenta de la inutilidad “de esta guerra de mierda” (pág.211). Tanto como casi cuarenta años para terminar con esa farsa y descubrir “los privilegios de la simplicidad” (pág. 211).

Otro de los acontecimientos históricos reflejado por García Márquez en Cien años de soledad fue la implantación de la compañía Norteamérica United Fruit Company en la zona del Magdalena a principios del siglo XX. La “Masacre de las Bananeras” constituyó uno de los episodios más lamentables relacionado con la lucha por los derechos de los trabajadores. En el año 1928 las fuerzas armadas colombianas, en connivencia con la UFC, mataron a un número indeterminado de trabajadores, que habían proclamado una huelga para la defensa de sus derechos violados continuadamente por la compañía bananera. El propio gobierno colombiano logró presentarlo como un episodio inventado. Es clara la referencia a estos acontecimientos en la obra. La llegada a Macondo de Mr. Herbert, los ingenieros, agrónomos,… Jack Brown con los solemnes abogados vestidos de negro sería el principio del final. Estos representan la llegada del capitalismo al pueblo y los responsables de la posterior transformación que sufre Macondo: “un campamento de casas de madera con techos de zinc, poblado de forasteros que llegaban de medio mundo en el tren.” (pág.279). El coronel Aureliano Buendía “se indignó con los serviles aspavientos de la gente y se dio cuenta de que algo había cambiado en la índole de los hombres…” (pág.292). Ahora eran los gringos los que tenían el poder de explotar Macondo. Las autoridades locales y nacionales, acalladas por la corrupción, no tenían interés en frenar esta explotación. Se queja aquí también García Márquez de la incapacidad de América Latina por cambiar el curso de la historia mediante el esfuerzo humano. Finalmente la huelga histórica de las bananeras se representa casi fielmente en la obra, incorporando casi las mismas demandas de los trabajadores y utilizando la Compañía del relato las mismas argucias a la hora de atenderlas que la original. La masacre en la plaza de la estación y el silencio de las autoridades para dejarla en el rincón del olvido las refleja el autor como “si todo pareciera una farsa (…) Como si las ametralladoras hubieran estado cargadas con engañifas de pirotecnia,..” (pág.372). Este triste acontecimiento sería negado durante mucho tiempo por la Compañía y el Gobierno Colombiano. Intentaría incluso reescribir la historia para mantenerlo en el olvido. En la novela al propio José Arcadio Segundo, protagonista del tremendo acontecimiento, una mujer que le ofrece café le dice: “Aquí no ha habido muertos. Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo” (pág.375). A pesar de ello le inculcaría a Aureliano Babilonia “una interpretación tan personal de lo que significó para Macondo la compañía bananera, que muchos años después, (..) había de pensarse que contaba una versión alucinada, porque era radicalmente contraria a la falsa que los historiadores habían admitido, y consagrado en los textos escolares”.. (pág 424).

En resumen, una Historia que subyace en la mente de García Márquez y en la del pueblo colombiano y que dá paso a un relato dominador, virtuoso en el que la historia se va construyendo a través de la narración.

Historia y ficción en "El cartero de Neruda"




Mario Jiménez, pescador reconvertido en cartero de Isla Negra y su casi único cliente el poeta Pablo Neruda mantienen una curiosa relación en la que el segundo se convierte en celestino del cartero en su afán por conseguir el corazón de la joven Beatriz. Este es el argumento de esta novela, antes llamada Ardiente paciencia, escrita por Antonio Skarmeta en 1985. La historia coincide en el tiempo con el periodo comprendido entre junio de 1969, un año antes de las elecciones presidenciales en Chile en las que Salvador Allende sería proclamado presidente de la República, y septiembre de 1973, inicio de la dictadura de Pinochet y fecha de la muerte del poeta.

Skarmeta aprovecha determinados hechos históricos de la vida de Pablo Neruda y de la Historia de Chile para que sean el transfondo de esta historia amorosa protagonizada por unos jóvenes trabajadores, y que es contada ágilmente de forma lineal, sin saltos ni fragmentaciones, con un lenguaje coloquial sin excesiva retórica y con abundantes elementos humorísticos. Todas estas características se repetirán en la obra de Skarmeta y vendrán a definir el estilo de la literatura del posboom.

En cuanto a la implicación ideológica en la novela el autor parece presentar una visión ciertamente imparcial de la situación política hasta que al final muestra la dureza de la represión militar que somete al moribundo Neruda a una reclusión en su casa sin posibilidad de comunicación con el exterior y persigue al cartero por su amistad con aquél más que por su carácter subversivo.

El primer encuentro amoroso entre Mario y Beatriz se desarrolla el día que Allende vence en las elecciones presidenciales y el juego amoroso que mantienen los protagonistas parece anunciar el fin de una época de represión y el comienzo de otra de liberación social. Los continuos y sonoros encuentros sexuales de la pareja coinciden con esta apertura política. Por entonces Pablo Neruda es nombrado embajador en París y debe dejar el pueblo. Durante su estancia allí recibe el Premio Nobel de Literatura y su discurso en Estocolmo se convierte en una fiesta en Isla Negra. Cita Skarmeta textualmente fragmentos del discurso del poeta, sobresaliendo las frases finales en las que Neruda, citando un verso de Arthur Rimbaud, alienta a los hombres a mantener una responsabilidad compartida en la conquista de los ideales de justicia y dignidad. Habla de esa ardiente paciencia que iluminará a los hombres en esa conquista. Y esa ardiente paciencia será tomada por Skarmeta para titular su novela.

A partir de este momento la historia se transforma con la muerte de Salvador Allende y el inicio de la dictadura de Pinochet. Isla Negra es tomada por los militares al igual que todo el país y la casa del poeta es rodeada. Se pierde la libertad y los logros alcanzados parecen derrumbarse. La historia se cierra con la muerte de Neruda y el apresamiento de Mario, acusado por el representante de la derecha -el diputado Labbé- de subversivo, más que por su poema enviado a la revista La Quinta Rueda -donde no sería publicado-, por su amistad con Neruda. Emplea Skarmeta de forma sutil la manera de ser apresados muchos desaparecidos durante la dictadura: de madrugada y con engaños. Cruel realidad que aun hoy hace pedir justicia sin importar el tiempo pasado al igual que Beatriz, que en el prólogo del libro, pide al autor que “le contara la historia de Mario sin importar el tiempo que para ello tardara”.

lunes, 1 de marzo de 2010

Análisis de "La Ciudad y los Perros"



La ciudad y los perros es considerada por algunos críticos como la obra maestra del escritor limeño Mario Vargas Llosa (1936 - ). Escrita en 1962 retrata la vida de unos adolescentes en el Colegio militar Leoncio Prada. Pretende ser una crítica a la hipocresía de la sociedad peruana, al determinismo social y a la despersonalización del individuo que impone la estricta educación castrense, donde los valores más “masculinos”: la falsa virilidad, la autoridad basada en la violencia y el castigo o la venganza prevalecen sobre otros más “morales”: la amistad, la compasión o el respeto a los demás. Los cadetes de este colegio, provenientes de familias de distintas clases sociales, vivirán experiencias, en algunos casos humillantes, bajo el auspicio de la formación militar.

Argumento:

La novela gira en torno a la muerte de uno de los personajes, Richi o Ricardo Arana “el Esclavo”. Este es detenido y castigado sin permisos al negarse a delatar al autor del robo de un examen de química. Tras varios días de castigo y sin posibilidad de salir del colegio decide denunciar al culpable: Cava, que será expulsado del colegio.
La expulsión de Cava motivará “la muerte accidental” de Arana en unas prácticas de tiro. Esta muerte es silenciada por los responsables militares de la institución, temerosos del desprestigio que esto puede causar al Colegio.
Alberto Fernández, el “Poeta” es el único amigo del Esclavo. Durante la reclusión de este no puede evitar cortejar a su novia Teresa, de la que se enamora a pesar de los remordimientos. Una vez muerto Ricardo se siente obligado a descubrir al culpable, sospechando que se trata de “el Jaguar” líder del grupo al que pertenecía Cava y que usa la violencia para mostrarse por encima de los demás. Denunciará a este ante el Teniente Gamboa, instructor de los muchachos y con ciertos valores éticos, además de desvelar los actos prohibidos realizados por los miembros del “Círculo”. El informe elaborado por Gamboa es destruido por sus superiores que obligarán al teniente a callar y marcharse a otro destino.
El desenlace final de la novela es realmente sorprendente: A pesar de conocer que “el Poeta” es el delator de las actividades del círculo, “el Jaguar” no le acusará ante los demás provocando esto el rechazo del grupo al que fuera su líder. El desengaño de este ante sus antiguos compañeros hará que “el Jaguar” se declare finalmente culpable de la muerte de “el Esclavo” ante el Teniente Gamboa, pero éste, de camino ya a su destierro le pide también olvidar el asunto. Ya fuera del colegio y transcurrido un tiempo “el Jaguar” termina casándose con Teresa.

Análisis formal:

La narración se caracteriza por el llamado Perspectivismo o la multiplicidad de puntos de vistas: Hablamos de la alternancia de diferentes voces narrativas para apreciar el hecho desde distintas perspectivas, con lo que se le da más importancia a los personajes que narran que a la propia historia narrada. Además permite jugar con los tiempos intercalando en flash-back aspectos de la vida familiar de cada uno así como ciertos elementos anticipatorios de su historia. Esto permite combinar los monólogos interiores con los diálogos reales y objetivos. Al menos se identifican cuatro de los personajes que actúan como narradores además del narrador-escritor: el Jaguar, que imprime un enfoque más objetivo, Alberto del que llegamos a conocer más sobre si mismo, Boa, miembro del “Círculo” y que acepta las decisiones tomadas por otros para su propia supervivencia; y por último Ricardo “el Esclavo” y que demuestra el aspecto de sumisión al poder del más fuerte.
El propio Premio Cervantes de 1995, en su obra “Mario Vargas Llosa, A writer's reality” nos habla del empleo de la técnica de los Vasos Comunicantes por la que simultanear historias y personajes imbricándose unas en otros y viceversa dota de mayor tensión y emoción a la narración.
Por último podríamos referir también el tema de la oralidad en los diálogos dando a cada personaje su registro lingüistico correspondiente por su nivel cultural o social, como en el episodio de las gallinas:
“¿Y si traemos al poeta a que le cuente una de esas historias que engordan la pichula?. Puro cuento compañeros, yo hago carpas concentrándome, es cuestión de voluntad. Oye ¿y si me infecto? … ¿estás seguro que las gallinas tiene hueco?... quietos, por favor, y por todos los santos no se rían que se adormece el elefante…. ¿Ustedes creen que los animales sienten? ¿Sienten qué, huevas, acaso tienen alma? Quiero decir gusto, como las mujeres. La Malpapeada, sí, igualito que las mujeres…., la polilla se están parando. Le ha gustado y quiere más, qué tal. Camina borrachita, camina borrachita. ¿Y ahora nos la comemos de a de veras? Alguien va a quedar encinta, no se olviden que el serrano le dejó adentro tamaña piedra…La agarras del pescuezo y la tuerces en el aire. Tenla quieta Boa, voy a hacer un saque, aguántate ésa.“ (pág.33).
Análisis del contenido:
El Colegio parece representar a la Sociedad peruana, en una decepcionante crisis de valores. Los progenitores de estos cadetes, sin principios morales, constituirían la base de la sociedad. Si el sustento de la sociedad, la familia, adopta como valores la violencia, el machismo, la humillación, la hipocresía, sus hijos no harán más que presentar estos mismos errores. El desarrollo personal basado en el respeto a uno mismo y a los demás se verá coartado por un sistema educativo represor.
La crítica del autor no se circunscribe a la disciplina despersonalizadora del sistema educacional peruano sino también a la hipocresía de la sociedad. Cuando Alberto habla por primera vez con la tía de Teresa, el narrador nos cuenta:
“En el chisporroteo de palabras, las fórmulas de cortesía que Alberto había escuchado en su infancia aparecían como en caricatura, condimentadas con adjetivos lujosos y gratuitos, y a ratos comprendía que lo trataban de señor y de don y lo interrogaban sin esperar respuesta. Se halló envuelto en una costra verbal, en un laberinto sonoro.” (pág.86)
Centrándonos en los personajes contrapuestos de Alberto y el Jaguar:
Alberto Fernández, “El Poeta” es alumno del último curso del Colegio, donde ingresó siendo niño y gana algo de dinero y cigarrillos escribiendo cartas y novelas eróticas. Es el personaje del que más conocemos. Aunque proviene de una familia separada de nivel medio y su nivel cultural es mayor al resto, para su propia supervivencia en el internado se deja llevar por el ambiente fiero de sus compañeros, tolerando la violencia y la humillación aun a pesar de ser capaz de entender lo injusto que esto es. Quizá esa resignación venga de la relación con los padres separados donde no se muestra especialmente sensible ante los llantos de su madre.
“Cuando su madre le abrió la puerta, Alberto, antes de saludarla, comenzó a disculparse. Ella tenía los ojos cargados de reproches y suspiraba. Se sentaron en la sala. Su madre no decía nada y lo miraba con rencor. Alberto sintió un aburrimiento infinito” (pág.91).
Esa ambivalencia del “Poeta” se muestra también al no entender la amistad y la lealtad como valores a cultivar. A pesar de que “el Esclavo“ le considera un amigo pidiéndole disculparse ante Teresa por no poder acudir a su cita, Alberto no duda en flirtear con ella y gastarse el dinero que le había prestado. Bien es cierto que la relación de aquéllos aún no era firme pero el “Poeta” bien sabe que no es algo correcto lo que hace y por eso le matan los remordimientos. En el caso de la lealtad es donde encontramos la contraposición con el “Jaguar”, para el que, a pesar de venir de una familia de clase baja y portar menor formación que Alberto, la lealtad es valor fundamental de un grupo, siendo capaz de cometer incluso un asesinato por este valor. Esa misma lealtad, o la ausencia de esta, le hará al final confesar su crimen al teniente Gamboa.
El propio Vargas Llosa referirá después esta característica de Alberto:
“el personaje del Poeta, con quien yo me sentía muy identificado, creo que al final aparece como un personaje bastante débil, con comportamiento doble, que es incapaz de mantener una coherencia en su conducta; y muchas veces ocurre eso porque, para mantener cierta ambigüedad, en ocasiones se producen esos trastornos, esos cambios de la personalidad.” (Diálogo con Vargas Llosa. Por Ricardo A. Setti. 1988)
El “Jaguar” es en cambio un muchacho de carácter. No sabemos su nombre pero él prefiere que le llamen así, identificándose con la fiereza de ese animal. Ya desde su ingreso en el Colegio muestra que no se dejará vencer por los demás impidiendo que le bauticen como al resto de compañeros. Forma pronto parte de ese grupo llamado “el Círculo” donde impone a sus compañeros ese valor combativo y valiente ante el ambiente hostil del Colegio. En ese círculo de camaradería parece que las perversiones y acciones denigrantes quedan diluidas o al menos acalladas por un pacto de lealtad. Es el personaje que se mantiene fiel a su personalidad. El propio Alberto antes del epílogo, en esa “hora ambigua, indecisa, en que la tarde y la noche se equilibran y como neutralizan” (Pág.317) se siente en la necesidad de equilibrarse también e intenta desesperado reconciliarse con el “Jaguar”. Le reconoce su valor y de nuevo en esa extraña labilidad siente que debe confesarse por haber sido él el delator de las actividades del “Circulo”. Pero tampoco tiene el valor de decírselo a los demás. Por ello busca al “Jaguar”, que posee un magnetismo peculiar, pues a pesar del rechazo que sufre “parece que fuera él quien nos hace hielo…él quien estuviera castigando a la sección” (pág.316). Le busca para entender el porqué de su silencio:
“- ¿Vas a dejar que sigan creyendo que fuiste tú? -Alberto se descubrió hablándole con respeto, casi cordialmente.- ¿Por qué?.
- Yo les enseñé a ser hombres a todos esos. -dijo el Jaguar.” (pág.317)
Relevante es también el episodio con el Teniente Gamboa, cuando le confiesa a este que es el responsable de la muerte del “Esclavo”. Ya sus compañeros no se merecen su silencio:
“Es la ingratitud lo que me enferma. Nada más.” (pág.324).
Y se afianza en su discurso:
“No he cambiado de opinión….ahora comprendo mejor al Esclavo. Para el no éramos sus compañeros, sino sus enemigos….Yo quería vengar a la sección, ¿cómo podía saber que los otros eran peor que él, mi teniente?”(pág.325).
Y ya se resigna a su justa condena:
“Creo que lo mejor es que me metan a la cárcel. Todos decían que iba a terminar así, mi madre, usted también. “(pág.325).
Pero el teniente, camino ya de su nuevo destino le pide que olvide y aprenda. Rancia conducta militar que todo lo justifica, reflejada ahora en la resignada figura de Gamboa, leal al Ejército hasta en su destierro:
“El caso Arana está liquidado –dijo Gamboa-. El Ejército no quiere saber una palabra más del asunto. Nada puede hacerlo cambiar de opinión. Más fácil sería resucitar al cadete Arana que convencer al Ejército de que ha cometido un error.” (pág.326).
Finalmente el autor nos muestra ya en un tiempo algo más alejado del Colegio las pretensiones o interioridades de ambos personajes:
Alberto, el que parecía más humano, más preocupado por las injusticias piensa en su futuro:
“estudiaré mucho y seré ingeniero. Cuando regrese, trabajaré con mi papá, tendré un carro convertible, una gran casa con piscina. Me casaré con Marcela y seré un don Juan .Iré todos los sábados a bailar al Grill Bolívar y viajaré mucho”(pág.335)
En cambio el “Jaguar”, del que hasta su madre pensaba que acabaría en la cárcel, termina confesándole su amor a Teresa, tras encontrársela casualmente después de seis años. Y se casa:
“Pedí un adelanto en el Banco. El administrador es buena gente. Me dio una semana de permiso. Me dijo: me gusta ver cómo se suicida la gente. Cásese no más, y el próximo lunes está usted aquí, a las ocho en punto.” (pág.341).
Y fiel a sus principios no desestima la amistad que le une al flaco Higueras tendiéndole la mano a pesar de que este sigue siendo un ladrón.
En resumen:
Novela crítica contra la adusta educación militar basada en la violencia y el castigo y en general contra la hipocresía de la sociedad peruana de la época en ausencia total de valores morales e incapaces de transmitir a sus hijos los principios fundamentales de respeto. Entre otros personajes dos contrapuestos: Alberto, débil emocionalmente y con actitudes cambiantes a lo largo de la obra: de supuesto defensor de injusticias a egoísta conformista. Y “el Jaguar”, impulsivo y violento, brutal asesino a fin de cuentas, pero coherente con su actos y que abandera la lealtad como principio fundamental de un grupo. Y por encima de ellos un régimen militar que además de despersonalizar a los jóvenes encubre el asesinato, la violencia y la humillación para su propia supervivencia.
* para las páginas de referencia de este comentario me he valido de la edición del libro de Seix Barral, Biblioteca Breve. Edición de 1971.